Lugo y Franco ya perjudican al país
Por Carlos Peralta
Es difícil el momento que vive el país. A casi nueve meses de gestión del nuevo gobierno poco o nada se ha hecho por mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la República. La falta de un proyecto país dificulta la toma de decisiones adecuadas y acertadas en tiempo y forma. Resoluciones apresuradas o medidas tardías consiguen generalmente el efecto contrario de lo que se propone o se busca.
Y la falta de liderazgo sigue siendo un problema insalvable, por el momento, en la gestión de Fernando Lugo. La percepción que se tiene es que el gobierno es ejercido por un colegiado y no por un presidente electo por la mayoría el 20 de abril del año pasado. Un día se toma una decisión que al rato se modifica, se establecen acuerdos que posteriormente se niegan, se ratifican en el cargo a funcionarios que menos de una semana después son “renunciados”, en algunas ocasiones sin la más mínima consideración y respeto.
La contradicción y la incoherencia constituyen, lastimosamente, las normas en la gestión del gobierno. Se buscan acuerdos para los proyectos del Ejecutivo pero el mandatario y el Vicepresidente apenas se soportan y casi nunca coinciden en sus posturas o visiones sobre el país. No son capaces de dirimir sus profundas diferencias entre cuatro paredes y se cuestionan y critican a través de los medios de comunicación.
Gobernar un país no es un juego de niños pero Fernando Lugo y Federico Franco parecen no terminar de entenderlo. Deben resolver sus problemas de relacionamiento y tratar de establecer un acuerdo para una convivencia respetuosa y acorde con las prioridades del país. Obviamente, un matrimonio de conveniencia tiene sus problemas cuando no existen normas claras de comportamiento. Y ese es el punto que deben solucionar Lugo y Franco. Si la ruptura es inevitable, si el divorcio es irremediable pues deben tomar la decisión adecuada para bien del país.
Si no existen definitivamente posibilidades de una relación pacífica Lugo debería exigir la renuncia a Franco y explicar acabadamente los motivos para ello. Si Franco no está conforme con el trato que le dispensa el mandatario debería dar un paso al costado porque está comprobado, en este tiempo de gestión, que sus diferencias son profundas en cuanto a las prioridades y la forma de gestión del país.
EL CASO DEL IRP
Ejemplos de esas diferencias las tuvimos desde el mismo día en que asumió el gobierno, pero en los últimos tiempos aumentaron considerablemente de volumen. El último caso resulta bien ilustrativo. Me refiero al veto del Ejecutivo a la ley que posterga la entrada en vigencia del Impuesto a la Renta Personal para el 2010.
Por Constitución el Vicepresidente es el nexo del Ejecutivo con el Parlamento para la aprobación de las leyes que el gobierno considere necesarias para el país. En ese sentido, debemos recordar que Lugo y su ministro de Hacienda Dionisio Borda, hicieron una fuerte campaña en favor de la entrada en vigencia del IRP, pero a la hora de las votaciones, los franquistas de la Cámara de Senadores votaron en contra de los deseos del gobierno. Junto con votos de colorados y oviedistas rechazaron el veto presidencial.
En este caso, para quién operó el vicepresidente Franco? Acompañó la postura del gobierno o bregó por la negativa? ¿Puede Franco operar en sentido contrario a los deseos del gobierno? Muchas preguntas y pocas respuestas.
El senador Julio César Franco, hermano del Vicepresidente, explicó que tomaron la postura de oponerse a la entrada en vigencia de dicho impuesto por coherencia. En realidad el argumento expuesto solo demuestra que los intereses personales o de grupos, como en este caso, son superiores a los planes de gobierno. La conclusión es que la coherencia en el gobierno no es indispensable, pero sí lo es para el movimiento.
En las actuales condiciones, Lugo y Franco juntos, causan más perjuicios que beneficios al país. Es necesario que determinen, cuanto antes, lo mejor para la nación y el gobierno. O deciden superar sus diferencias y desconfianzas para intentar llevar una relación más estable o asumen los riesgos de una separación definitiva que tendrá sus costos políticos para el gobierno y los afectados, sin dudas, pero el país urge una definición.
ITAIPÚ Y LAS BOMBAS
La desdibujada imagen del gobierno también sufrió otros duros reveses esta semana. A la ya mencionada derrota en el Parlamento también se sumó otro viaje infructuoso al Brasil para negociar el tema Itaipú con el gobierno de Lula Da Silva.
El presidente Lugo y los negociadores paraguayos volvieron con las manos vacías de Brasilia. Pero, la ocasión sirvió para que nuestros vecinos no desperdiciaran la oportunidad de refregarle a nuestro Presidente sus escándalos amorosos. Según reportes de diarios brasileños el presidente de la Petrobras, manifestó entre risas que difícilmente “se podrían firmar acuerdos con alguien que fue capaz de engañar al mismísimo Jesucristo”, refiriéndose, sin dudas, al mandatario paraguayo.
Aquellos que creen que la vida personal del Presidente no influye en su gestión pública deberían replantearse sus opiniones a la luz de lo que pasó en Brasilia.
Por otra parte, es una lástima que en la capital del Brasil se le tenga que imponer a Lugo que el director paraguayo de la Itaipú forme parte de la comisión negociadora. El sentido común indicaba que Mateo Balmelli siempre debió ser parte integrante de dicha comisión, pero al parecer ese es un sentido ausente en muchas decisiones de nuestro Presidente. Por suerte ahora, tras la sugerencia de los brasileños, Mateo integrará la comisión.
Y para culminar, esperemos que las amenazas de bombas sigan siendo tales porque de ser ciertas algunas de ellas, lo más probable es que suframos la destrucción de edificios y lamentemos pérdidas de vidas humanas, pues los expertos en explosivos tardan alrededor de 24 horas en confirmar si lo hallado en ciertos edificios son o no bombas.
Claro que el gobierno, en menos de 3 ó 4 horas ya asevera que estamos ante grupos que desean desestabilizar al gobierno y que desean instalar el temor y el miedo en la población mediante la colocación de bombas. Sería todo un tema que Lugo y el ministro del Interior, Rafael Filizzola tuvieran mucha más prudencia a la hora de emitir algún comentario relacionado con el tema hasta estar totalmente informados de lo que acontece. Hacer un uso político de estas amenazas no contribuye en nada a la tranquilidad de la población, a no ser que se quiera desviar la atención de la gente de los problemas cotidianos que no se solucionan.
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