martes, 4 de septiembre de 2007


INTRODUCCION

Existen aún hechos importantes de nuestra historia que no han merecido la debida atención de los historiadores paraguayos. Uno de ellos es precisamente la mediación paraguaya que pusiera fin a la larga anarquía y lograra la unificación argentina, sobre lo que no conocemos publicación alguna, salvo menciones aisladas en libros ya bastante antiguos.
Con ser un hecho trascendental, no podemos negar las afirmaciones que transcribimos más adelante en el sentido de que fue un error de don Carlos haber encarado esa acción son ciertas. Para la Argentina el tratado de San José de Flores fue una bendición, pero para el Paraguay fue una maldición.
El mayor beneficiado fue finalmente Buenos Aires o mejor dicho su caudillo Bartolomé Mitre. Personaje cínico e hipócrita, sabía muy bien lo que hacía y más aún lo que buscaba. Enfrentado políticamente a otro caudillo, ignorante e inescrupuloso y ganado totalmente por una malsana ambición por el dinero fácil, al que más interesaban las ganancias fáciles que el interés de su país o su palabra empeñada que para él nada representaba, como lo demostró.
Urquiza traicionó a sus compañeros de causa en Pavón, traicionando así a las provincias y al Paraguay a quien abandonó pese a los acuerdos existentes, y por dinero se alió a su eterno enemigo Mitre y lo que es peor hizo causa común con el imperio del Brasil que buscaba no solo la destrucción del Paraguay sino también de la Argentina. Este inescrupuloso personaje terminó su vida y su carrera violentamente en manos de su segundo en el mando, López Jordán, quien no aceptó ser partícipe de las sucias maquinaciones de su jefe.
Y que diremos del otro socio, Mitre, quien al final de la intervención de Solano López, cuando veía abrírsele el camino con la pacificación y unificación argentina, en su arenga de despedida comparó al Mediador paraguayo como el “Leopoldo de las Américas”. Se vivía entonces a finales de 1859. Apenas unos pocos años después ya consolidado en el poder sacó a relucir su real pensamiento, cambió de opinión y lo llamaría tirano y lo acusaría de sojuzgar al pueblo paraguayo, y para más se autoproclamó su futuro libertador.
Su ya encubierta amistad, por no decir más, con los imperialistas brasileros se hizo pública y evidente y comenzaron sus devaneos con el representante brasilero, a lo que se le agregó el uruguayo Flores, que nunca fue más que el capataz de Mitre. Fue así que entre Mayo y Junio de 1864 en Puntas del Rosario y contando con el asesoramiento del representante inglés en el Río de la Plata señor Thornton se concretó la alianza tripartita contra el Paraguay. Allí entonces nació la única Triple Infamia que tendría por única finalidad desmantelar y repartirse al Paraguay, entonces la Nación más progresista de indoamérica.
El 1º de mayo de 1865 solamente se firmó el Tratado llamado de la Triple Alianza. El mismo representante brasilero a dicho acto el señor Saraiva lo dijo posteriormente. Y la mejor prueba que se puede mencionar al respecto, es que pese a haber transcurrido más de cien años, el Brasil se niega a abrir sus archivos para su estudio porque éstos mostrarán al mundo la existencia, siempre negada, de un infame crimen que oficialmente se niegan a reconocer.
Con esto claramente se demuestra que el Paraguay al comenzar hostilidades defensivas entre noviembre de 1864 y Marzo de 1865 no hizo sino protegerse de una agresión injustificada y no provocada. El mismo Saraiva lo ha afirmado y publicado y nunca nadie se ha atrevido a desmentir estas verdades.
Pero todo esto es materia de otro trabajo, a pesar de que ya mucho se ha escrito al respecto.
Lo que nadie podrá jamás negar es que Solano López tuvo en su vida muchas actuaciones que dignificaron al Paraguay. Todo lo que hizo fue por su paí y su pueblo que lo quería y lo siguió hasta el final pese a todos los sacrificios y sufrimientos. Solano López murió por la patria cumpliendo su juramento.
Esto lo reconoció el gobierno de la Revolución de Febrero que lo proclamó en toda su grandeza. Que reivindicó su nombre y trasladó simbólicamente sus restos hasta el Panteón de los Héroes cuya construcción él lo inició en 1864 y el Coronel Rafael Franco, héroe de la Guerra del Chaco, lo terminó en 1936. Allí descansa su memoria para orgullo de todos los paraguayos que reconocen su gloria.
Todos los datos que a continuación se detallan fueron tomados de la publicación de los “Documentos Oficiales de la Mediación Pacífica de la República del Paraguay” compilados y editados por la Imprenta de la República en 1860.

COMENTARIOS PREVIOS

Es bien conocida la situación política social que imperaba en la Argentina allá por los años de 1850 en adelante. Se encontraba dividida en dos fracciones irreconciliables. Por un lado Buenos Aires y sus alrededores, sostenida y abastecida por el imperialismo capitalista inglés que le proveía de las libras esterlinas necesarias porque allí encontró y consolidó su cabecera de puente para introducirse en el continente, y por el otro el “interior” o Confederación Argentina encabezada por Entre Ríos, pobre y abandonado pero orgulloso de mantener sus tradiciones de vida. La Argentina, de norte a sur, hervía por la guerra civil y las matanzas permanentes. El ejército de Buenos Aires equipado con moderno armamento de origen europeo proveído por los ingleses, y los gauchos solamente con sus cuchillos y boleadoras para hacer frente a las balas. Ya podemos imaginar el resultado, aunque éste era del agrado de la dirigencia porteña, encabezada por Sarmiento y Mitre, quienes decían que la sangre de los gauchos solo servía para fertilizar la tierra y que había que reemplazar a los nativos, indios ignorantes, al decir de estos personajes, por gente venida de Europa, que traía consigo la civilización y la cultura, por lo menos en la forma que ellos y sus seguidores lo entendían.
Por entonces era Jefe de la Confederación Argentina, que enfrentaba a Buenos Aires, el Señor Justo Urquiza, riquísimo hacendado de Paraná, muy apegado, demasiado, al dinero, por el que vendió su alma al diablo y traicionó a todos sus amigos más de una vez, hasta que finalmente terminó asesinado por su segundo el Señor López Jordán, aunque esto ocurrió luego de ocasionar muchos males a quienes en él confiaron.
En plena guerra civil, durante la batalla de Pavón contra el ejército de Buenos Aires encabezado por Mitre, cuando el resultado del combate era totalmente favorable a los confederados, Urquiza ordenó ante el asombro de su gente, suspender la batalla y retirarse, originando la perplejidad del propio enemigo y la indignación de su gente. Es que las conversaciones sobre “negocios” entre Urquiza y Mitre, o los delegados de este, fueron muy confidenciales y nadie nunca supo a cuanto ascendieron las ganancias del entrerriano por esta traición, que nadie puede dudar que ocurrió.
Y otra de sus sucias traiciones, la conocemos muy bien los paraguayos. Aliado contra el Paraguay contra Mitre y los brasileros, sin embargo apenas se le presentó el negocio, abandonó todos sus tratados y se vendió a sus propios enemigos. La historia relata que cambió de bando, traicionando a sus amigos, por vender 30.000 caballos al ejército brasilero que le pagó un precio de oro por ellos, dejando a la caballería confederada a pie. Fue a raíz de este hecho, que se le sublevó su propia gente que era de caballería, y fue muerto en su casa con su hijo mayor por López Jordán, tal ya lo dijimos, su lugarteniente mas allegado que no aceptó traicionar a sus amigos y que continuó su guerra contra el imperialismo hasta que fue a su vez asesinado en Buenos Aires, la primera noche de su vuelta del exilio en Montevideo, ya en plena paz, por la policía de Mitre y pese a las garantías públicas que recibió para volver a su pais. Es claro que sus asesinos ya no vestían ponchos y sombreros de alas anchas, sino levitas y sombreros de copa, pero siempre portaban puñales.
Es por esto que si nosotros lo consideramos a Mitre como el carnicero del pueblo paraguayo, a Urquiza lo tenemos como el traidor que pisoteó los tratados que firmó y olvidando su amistad de largos años con el Paraguay, posibilitó la guerra de la Triple Infamia. Si Urquiza hubiese cumplido con sus compromisos, la guerra no hubiese sido posible ni para Mitre ni menos para el Brasil.
Y aquí queremos recordar las afirmaciones de un amigo al que considero como un maestro, el Dr. Mario Luis Balmelli (1) hoy ya desaparecido, que siempre nos decía que Don Carlos Antonio López cometió un gran error al lograr la unificación argentina, oponente tradicional de la independencia del Paraguay o por lo menos de sus existencia como nación independiente, porque esto permitió la entronización de Mitre que quería la destrucción de nuestro país, siguiendo la misma política intervencionista de Rosas. Desde luego que hoy podemos hacer esta afirmación, pero Don Carlos, escrupuloso cumplidor de la ley y los tratados, que nada conocía de hipocresía, jamás pudo entonces imaginarse que trataba con gobiernos de hipócritas y traidores, como fueron los de Buenos Aires y de Paraná.

COMIENZO DE LA MEDIACIÓN

Pero volviendo a nuestro tema, la mediación fue resuelta por el gobierno paraguayo. La designación de mediador recayó en el paraguayo más ilustre de la época, Francisco Solano López, quien así se encargará de su primera misión como representante de la nación paraguaya.
El mismo Solano López dijo “favorecido por mi gobierno con el alto honor de representarlo en el carácter de Ministro Mediador, cerca de los gobiernos de la Confederación Argentina y de Buenos Aires, partí de esta capital en el día 27 de Septiembre del año próximo pasado (1859)”.
Llegó Solano López a Paraná, capital de la Confederación Argentina el 5 de Octubre de 1859 y de inmediato acreditó su carácter de representante oficial paraguayo, presentando la siguiente nota al Canciller de la Confederación:
“Paraná, Octubre 6 de 1859.
Señor Ministro:
El abajo firmado Brigadier General tiene la honra de dirigirse a V.E. acompañando la carta en que el Excelentísimo Señor Presidente de la República del Paraguay notifica al Exmo. Señor Presidente de la Confederación Argentina el carácter de Mediador en que le acredita.
Igual participación hallará Vuestra Excelencia en la nota adjunta de S.E. el Señor Ministro de Relaciones Exteriores de la República del Paraguay”.
“Al poner estas comunicaciones en manos de V.E. y avisarle su llegada a esta ciudad, el infrascrito se complace en protestar al Gobierno Argentino los ardientes deseos que animan al de la República del Paraguay por ver el restablecimiento de la paz entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires”.
“El abajo firmado aprovecha esta ocasión para ofrecer a S.E. el Señor Ministro de Relaciones Exteriores la seguridad de su muy distinguida consideración. Francisco Solano López.”
Sin embargo, Solano López tuvo que viajar hasta las inmediaciones de Rosario en donde junto con su ejército se encontraba Urquiza, quien debía autorizar el comienzo de cualquier negociación. Luego de las conversaciones mantenidas, Urquiza entregó a Solano López por escrito, las condiciones en que la Confederación iniciaría las negociaciones con Buenos Aires.
Munido de este documento el Mediador Paraguayo partió para la ciudad de Buenos Aires el 10 de octubre de 1859, alentado, lo dijo él mismo, “por el espíritu de conciliación y fraternidad que vería prevalecer en el presidente Urquiza”.
Presentó el mediador la siguiente nota que le acreditaba como representante del gobierno paraguayo fue presentada apenas de inmediato a su llegada el 12 de Octubre de 1959:
“Buenos Aires, Octubre 12 de 1859.
El infrascrito Brigadier General tiene la honra de anunciar al Señor Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de Buenos Aires, su llegada a esta capital, en el carácter de Ministro Mediador, con que le ha investido el Exmo. Señor Presidente de la República del Paraguay cerca de S.E. el señor gobernador de este estado. En este carácter le acredita la carta que tiene el honor de adjuntar para dicho Exmo. Señor.
V.E. hallará igual participación en la nota que acompaño de S.E. el Señor Ministro de Relaciones Exteriores de la República del Paraguay.
Me es agradable, Señor Ministro, aprovecher esta ocasión para protestar al Exmo Gobierno de Buenos Aires los sinceros votos que animan al del Paraguay, por ver restablecida, de una manera estable y honorosa la paz, desgraciadamente perturbada entre este estado y la Confederación Argentina.
El abajo firmado aprovecha esta ocasión para ofrecer al Señor Ministro de Relaciones Exteriores del Estado de Buenos Aires, su distinguida consideración y aprecio. Francisco Solano López”.
“A S. E. el Señor Ministro de Relaciones Exteriores del Estado de Buenos Aires, Dr. Don Dalmacio Vélez Sarsfield”.
El día 13 fue aceptado Solano López como mediador y acreditado para iniciar negociaciones, recibiendo al efecto una larga nota firmada por el señor Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield.
El mismo día 13 de Octubre de 1859 Solano López informó al Gobierno de Buenos Aires que el Presidente de la Confederación Argentina había aceptado una suspensión de hostilidades, tal como ya lo había propuesto, siempre que no excediese de diez días.
Pero, lo dice Solano López “desgraciadamente el gobierno de Buenos Aires, contestándome en la tarde del día 14…se negó absolutamente al armisticio previo”.
Teniendo el convencimiento de que en esos días de armisticio se podía llegar a alcanzar la paz, pedí nuevamente al gobierno de Buenos Aires –dice Solano López- el día 15, la suspensión previa de las hostilidades. El día 17 contestó el gobierno de Buenos Aires “insistiendo en su negativa aunque solicitando a Solano López continuase con su mediación en el conflicto. Extraña actitud del gobierno porteño, pero del que se desprende la existencia de un doble propósito.
Nuevamente Solano López el día 18 comunicó al gobierno de Buenos Aires su resignación por su negativa, aunque solicitando que se le aceptara su convencimiento de que esto no era una ruptura “ni tampoco un rechazo irrevocable del armisticio”, sino solamente un aplazamiento de este para una oportunidad futura y cercana.
El mismo día 18 Solano López ordenó al Capitán del Vapor “Tacuarí” dirigirse a la Ciudad de Rosario a fin de hacer llegar al General Urquiza Presidente de la Confederación Argentina todas estas noticias.
En el ínterin se realizaron muchas conversaciones con personas de ambos bandos en pugna, especialmente se barajaron nombres de quienes serían los representantes a las reuniones finales a las que algún momento tendrían que arribarse.
El día 20 de Octubre el gobierno de Buenos Aires volvió a entrar en contacto epistolar con el Mediador Paraguayo. Por su parte Urquiza le envía su nota del 21 de Octubre insistiendo en que sus deseos de suspensión de hostilidades no se deben interpretar como algunos lo hacen por “debilidad e impotencia”.
Esta comunicación la recibió Solano López con el vapor “Tacuarí” para trasladar a estos señores.
El gobierno de Buenos Aires dudando “de los sentimientos del General Urquiza” aceptó enviar sus comisionados frente a la Ciudad de San Nicolás. Así lo afirma en su nota a Solano López del 24 de Octubre de 1859, afirmando que de ser así procedería a nombrar a sus comisionados o representantes.
Llamaba poderosamente la atención de Solano López el odio evidente que existía entre estos exponentes de ambos bandos, ya que por los dos lados se exigía la exclusión de ciertas personas para ser nombradas representantes o comisionados. No viene al caso los nombres pero eran personas de alta figuración de los respectivos gobiernos.
Este incidente –dice Solano López- “me causó una profunda pena…” y esto considerando su participación como representante de un tercer gobierno mediador que nada tenía que ver con los problemas que a ambos separaba tan profundamente.
Escribió esta carta al gobierno de Buenos Aires: “En situación tan desagradable, y cuando yo había dado ese paso en obsequio del Gobierno de Buenos Aires, a quien quería no solo evitarle el desagrado de la repulsa sino alejarle también el inconveniente que iba a nacer, y a trabar el curso de la negociación, dirigí al Exmo. Dr. Vélez Sarsfield, la nota anexa nº 23, en la que recordándole todo lo ocurrido, le pedí me considerase si era verdad, todo lo que en esa nota refiero, sino también si era cierto que yo había ofrecido al Gobierno esforzarme para remover con tiempo ese obstáculo”. Y todo esto lo dice en el momento en que los ejércitos de la Confederación se encontraban en las puertas de Buenos Aires y que la confrontación que seguiría tendría como resultado el derramamiento de sangre entre hermanos.
El gobierno de Buenos Aires le respondió que si la reunión se realizaba en San Nicolás naturalmente previa aceptación de Urquiza, enviaría a sus comisionados, para lo que Solano López con fecha 25 de Octubre de 1859, por nota, ofreció el Vapor Paraguayo “Tacuarí” como medio de transporte rápido y seguro, e inclusive se ofreció a acompañar a los Comisionados para el caso de procurarse algún combate.
El gobierno de Buenos Aires volvió a informar el 26 que estaba dispuesto a seguir adelante con las negociaciones, pero luego de tener la aceptación del General Urquiza, porque no podía exponerse a un desaire en el caso que Urquiza no diese su consentimiento.
Las consecuencias de un combate habían hecho que Urquiza cambiara de lugar de acantonamiento por lo que Solano López en la misma fecha pidió los recursos necesarios para enviar un parlamento entre el Presidente de la Confederación seguro como estaba que pese a las resultas de cualquier acción de guerra, éste tenía la voluntad de buscar la paz.
Luego de reiteradas gestiones de los días 25, 26 y 27, en esta última fecha, a la una y cuarto de la tarde, recibió Solano López la nota del Gobierno de Buenos Aires en que este decía, “que reconocido altamente de los laudables esfuerzos que había hecho, y estaba haciendo, a favor de la paz, se hallaba dispuesto a facilitarle todos los medios y recursos necesarios, y que esperaba la indicase la naturaleza de ellos”.
Para proseguir con las negociaciones el Gobierno de Buenos Aires pidió al mediador paraguayo que la reunión de los Comisionados de las partes se hiciese frente a San Nicolás y solicitaba al efecto el consentimiento de Urquiza. Al efecto Solano López expresó su opinión y ofrecimiento en la siguiente nota:
“Buenos Aires, Octubre 25 de 1859.
Señor Ministro.
Tengo el honor de avisar a V.E. que he recibido la comunicación de V.E. de fecha de ayer en que se digna decirme de orden de S.E. el Señor Gobernador, que el Gobierno acepta el ofrecimiento del “Tacuarí”, y que en él y al frente de la ciudad de San Nicolás pueden reunirse los comisionados de ambos gobiernos, agregando V.E. que allí estarán cerca del Cuartel General del Presidente de la Confederación, y que con este medio el Gobierno de Buenos Aires me da la mayor prueba de su deseo de arribar a una solución pacífica”.
“Complacido al ver que puede llegar el momento en que reunidos los comisionados todos argentinos, se arriba a una solución pacífica y honrosa, tengo el placer de avisar a V.E. para que se sirva manifestarlo así a S.E. el Señor Gobernador, que el vapor de guerra “Tacuarí” estará a disposición del Gobierno y que como en el estado en que pudieran hallarse hoy los ejércitos, si ha habido una batalla, no será posible quizá saber el punto fijo que sea el próximo Cuartel General del Seños Presidente, me impongo el grato deber de acompañarlos hasta ese punto en el río y de permanecer allí hasta que haya podido yo obtener la fortuna de conducir a los Señores Comisionados del General Urquiza, a bordo del vapor paraguayo en que las conferencias se tengan.
Dígnese V.E. admitir las protestas de mi respeto y muy distinguida consideración. Francisco Solano López”.
“A S. E. el Señor Ministro de Relaciones Exteriores de Buenos Aires Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield”.
El mismo día 25 el Gobierno de Buenos Aires contestó informando de su buena disposición para nombrar a sus Comisionados, toda vez que el representante estuviera seguro que el General Urquiza daba su previa aceptación a esta propuesta, porque el de Buenos Aires no estaba dispuesto a recibir un desaire del gobierno de la confederación.
Como se ve, en medio de una situación tan grave como la existente, una guerra en pleno desarrollo, primaban situaciones tan infantiles como esta, lo que también podría ser un granito de arena para demostrar el poco interés que había en terminar el conflicto, por lo menos de una manera honorable, si es que el honor realmente existe cuando este tipo de interés, como es el resultado de una guerra, está de por medio.
El mismo día 25 Solano López contestó al gobierno de Buenos Aires que pese a ignorarse el paradero actual del Presidente Urquiza, él se ofrecía a abandonar el barco de guerra “Tacuarí” y pasar a tierra para buscar personalmente al Presidente de la Confederación porque estaba seguro que no podía haber cambiado el deseo de éste por lograr la paz.
El gobierno de Buenos Aires, el 27 de Octubre (1859), en horas de la tarde informó por nota a Solano López que estaba dispuesto a facilitarle todos los medios que necesitara y le indicase de inmediato los medios y recursos que fueron necesarios para dicha búsqueda.
Todo lo que Solano López solicitó fueron caballos y salvoconductos para él y seis soldados que habrían de acompañarlo. En la noche del mismo día 27 recibió los caballos y papeles solicitados y salieron a cumplir el cometido, habiendo tenido la suerte de hallarlo (a Urquiza) en el Arroyo Luna luego de un día y medio de iniciar la búsqueda.
Al mismo tiempo el gobierno de Buenos Aires informaba por nota del 29 de Octubre que Inglaterra y Francia también habían solicitado nombrar mediadores, pero que respetando las prioridades y como el Paraguay había sido el primero en solicitarlo, había decidido continuar con la mediación del representante paraguayo, es decir Solano López, quien como venimos narrando se encontraba actuando en el mismo terreno de operaciones. Esto originó un intercambio de notas aclaratorias entre el representante paraguayo y el gobierno de Buenos Aires.
Finalmente el 31 de Octubre el Presidente Urquiza fue localizado en las cercanías de Luján, y este remitió a Solano López una larga nota en la que le informaba que aunque la situación había cambiado respecto al momento de la conversación anterior, siempre continuaba con sus deseos de paz y seguía dando su aquiescencia para recibir a los comisionados de Buenos Aires en algún punto cercano a su Cuartel General en donde él enviaría a los suyos, y de paso ya anticipaba que este lugar bien podía ser Morón. Igualmente Urquiza solicitaba a Solano López el envío del Vapor “Tacuarí” a la ciudad de Montevideo para traer al Señor Guido a quien desde ya nombraba como uno de sus comisionados.
Correspondiendo a este pedido, el 1º de Noviembre de 1859, en horas de la tarde, Solano López ordenó que el Vapor paraguayo “Salto del Guairá” zarpara de Buenos Aires para Montevideo en donde su Capitán se puso a disposición del Brigadier Tomás Guido para transportarlo a Buenos Aires en donde el representante paraguayo lo esperaba para llevarlo al Cuartel General del presidente de la Confederación.
Ese mismo día 1º, y como él lo dice, para ganar tiempo y evitar una lucha que solo traería destrucción, Solano López dirigió una carta al presidente de la Confederación Señor Urquiza y se apersonó al Gobernador de Buenos Aires. A ambos les pidió evitaran el enfrentamiento inmediato.
El día 3 llegó de regreso de Montevideo el Vapor “salto del Guairá” conduciendo al general Guido quien ya munido de su pasaporte se trasladó con Solano López al Cuartel General de Urquiza.
De inmediato Solano López recordó a Urquiza que aún no había una decisión sobre un armisticio previo tal lo había pedido ya, para el inicio con tranquilidad de las negociaciones. Finalmente y aunque negó en principio, Urquiza acordó el armisticio por todo el tiempo que durara la conferencia.
Urquiza aceptó fijar el día 5 de Noviembre de 1859 para el inicio de las negociaciones y Solano López le requirió nuevamente que se sirviera nombrar a sus Comisionados, lo que el Presidente de la Confederación hizo de inmediato, nombrándolos.
De inmediato el representante paraguayo se entrevistó con el Gobierno de Buenos Aires para informarle que la conferencia podía comenzar el día 5 en Monte Caseros. Igualmente informó al Gobernador haber obtenido el armisticio durante los días de las reuniones y que este armisticio incluía cualquier trabajo de atrincheramiento.
El gobierno de Buenos Aires prometió el día 4 de Noviembre daría a conocer las bases que iban a servir de instrucción para sus representantes y que se detallaban en un listado suministrado por su representante el señor Vélez Sarfield, y así efectivamente ocurrió.
Los comisionados elegidos por las partes y que habrán de representarlos son los siguientes:
Buenos Aires: D. Juan Bautista Peña, Dr. Carlos Tejedor y Dr. Antonio Cruz Obligado.
Confederación argentina: Brigadier Tomás Guido, D. Juan E. Pedernera y D. Daniel Araoz.
Teniendo ya nominados los Comisionados, se designó a la Chacra de Monte Caseros como el lugar de las conferencias. Solano López urgió el comienzo de las deliberaciones sugiriendo que en primer lugar se discutiesen los puntos cuya solución pudiera acercar a las partes en el arreglo del problema principal, que era la búsqueda de la paz.
Solano López llevaba la dirección de las discusiones y se dio cuenta, tal como él mismo lo dice, que la Conferencia podía fracasar si permitiese que los ánimos se enconaran en algunos puntos encontrados y su tratamiento los fue dejando para un segundo lugar cuando las posibilidades de un final feliz hiciese más fácil su discusión y solución.
Como ejemplo de estos puntos que podían hacer fracasar la reunión se citan:
a) La inmediata evacuación del territorio de Buenos Aires por el ejército de la Confederación;
b) cambio inmediato de gobierno.
Nos dice Solano López: “Yo veía en la discusión de estas dos proposiciones una segura y pronta ruptura” teniendo que ejercer presión en su carácter de mediador para encaminarlas y darles un corte satisfactorio. Y lo consiguió.
En ese ínterin Solano López recibió una comunicación de Urquiza en la que ponía en conocimiento del Mediador paraguayo que había decidido que un hospital de las fuerzas de Buenos Aires que al parecer había quedado en territorio ahora dominado por los confederados podía seguir funcionando y que los médicos podían salir y entrar cuando lo necesitasen y que todos los médicamente y similares que fueran enviados serían prontamente entregados.
De inmediato Solano López comunicó al gobierno de Buenos Aires la noticia y éste expresó su gratitud por la humanitaria interposición del Mediador Paraguayo.
Igualmente y a partir de la segunda conferencia y conforme a la proposición del mediador, se irían discutiendo los puntos que este dispusiese o que sometiere a la consideración de los Comisionados de ambas partes. Y lo dice Solano López “en el protocolo de esa segunda conferencia, está el resultado feliz que iba produciendo la discusión, porque alejados los ánimos de aquellas otras cuestiones arduas y personales, se iba arribando a la solución de la grave cuestión tantos años pendientes de la unión de los argentinos. Creí que siempre se sacrificarían estas al gran interés de la unión, y nunca la unión a esas cuestiones. Y los resultados han hecho ver que no me equivoqué”.
El día 7 de Noviembre continuó la reunión con la tercera conferencia en la que se trataron puntos tales como el cambio del personal del gobierno de Buenos Aires, la de otras autoridades civiles y militares de reciente nombramiento y que eran puntos muy delicados porque cada sector le daba una importancia capital. Pero lo más importante que se consiguió fu la reincorporación de Buenos Aires a la Nación Argentina.
Sobre lo que no pudo concertar en esta reunión fue lo referente a la elección del Presidente de la Nación. Pero los comisionados prometieron requerir urgentes instrucciones y volver al día siguiente con una solución concreta.
Pero increíblemente, a media noche el mediador paraguayo recibió una comunicación del gobierno de Buenos Aires que literalmente dice:
“Buenos Aires, Noviembre 7 de 1859.
Al Exmo Señor Ministro Mediador de la República del Paraguay Brigadier Francisco Solano López.
El abajo firmado tiene el honor de dirigirse a S.E. el Señor Mediador del Excmo. Gobierno de la República del Paraguay, diciéndole que habiendo los Señores Comisionados para la negociación de la Paz puesto en conocimiento del Gobierno que en la Conferencia de hoy, han recibido de los comisionados del presidente de la Confederación Argentina, las tres proposiciones siguientes con la calidad de indeclinables:
1) Amnistía sin condiciones; 2) conservación de todos los empleados puestos en la campaña del Norte, después de la ocupación militar de Ejército de la Confederación; y 3) cambio de todo el personal del Gobierno; he recibido orden de S.E. para decir a S.E. el Señor Ministro Mediador que el Gobierno no ha trepidado un momento en disponer que la Comisión no continúe en sus trabajos de conformidad a las instrucciones que antes de ahora se les habían dado; y que por lo tanto los Señores Comisionados saldrían el día de mañana, rogándole al Señor Ministro se sirva comunicarlo a los Señores Comisionados del General Urquiza.


“El abajo firmado aprovecha esta ocasión para ofrecer nuevamente sus respetos y consideración a S.E. el Señor Ministro. Dalmacio Vélez Sarfield.”
Como era esta una súbita e inesperada ruptura de la negociación de paz, “verdaderamente me alarmó” dejó escrito Solano López. El Mediador paraguayo no conocía la causa superviviente al acuerdo de ambas comisiones de reunirse al día siguiente.
“Me alarmó tanto más esa ruptura-dijo Solano López- cuanto que en el día de esa tercera conferencia exigía a S.E. el Señor General Urquiza, que la solución definitiva se apresurase, pues que no podía conformarse con tener su ejército en inacción esperando el resultado de una discusión que el creía que calculadamente se alargaba para prepararse la Ciudad”.
Esa misma noche Solano López comunicó al Gobierno de Buenos Aires que de inmediato adoptaría el mismo arbitrio que ya anteriormente había empleado, trasladándose al campo del General Urquiza para buscar y encontrar una solución al problema que se presentaba, aunque desconociendo cual era ese problema.
Efectivamente el Mediador Paraguayo haciendo uso de una gran energía se presentó de inmediato frente al General Urquiza y luego de plantear las cosas se dio cuenta que aquello que se planteaba como indeclinable, no era tan así, y que podía evitarse una ruptura y evitarse también una batalla que sería sangrienta por la proposición y disposición de las fuerzas enfrentadas.
Pasó Solano López en la madrugada del día 8 de Noviembre de 1859, el Ministro Vélez Sarfield, una comunicación solicitando no ordenar ataque alguno y que dejase a su cargo la conversación con el General Urquiza. Como a las seis de la mañana no recibía respuesta alguna, resolvió pasar personalmente a hablar con el General Urquiza para hacer el mismo pedido, observando que en ese mismo instante mucha tropa marchaba para iniciar el ataque.
Luego se conversar con el General Urquiza y exponer sus motivos, éste prometió al Mediador paraguayo suspender la marcha de su ejército y esperar todo ese día hasta últimas horas de la tarde, antes de continuar, expresando que fue el gobierno de Buenos Aires quien rompió las negociaciones la noche anterior.
Asegurando así que el ejército del General Urquiza no se movería, presentó Solano López una nota al gobierno de Buenos Aires solicitando lo mismo afirmando que los puntos en discusión o pendientes en la conferencia del día 7 de Noviembre eran susceptibles de discusión y de modificación y que no deberían considerarse como absolutamente indeclinables”.
Pese a todo lo afirmado y gracias a la insistinte intervención del Mediador paraguayo, el presidente de la Confederación consintió en la supresión del requisito referente a la conservación de las autoridades recientemente nombrados.
Dice el mediador que “aquel día fue de verdaderos conflictos porque de una parte aparecía el gobierno (de Buenos Aires) rompiendo la negociación de paz, por la otra se veía a la Asamblea Legislativa (también de Buenos Aires) reunida, por otra al pueblo agitado al ver que desaparecía toda esperanza de paz, y por otra un ejército fuera de las trincheras dispuesto a batirse y otro dentro de él decidido a defenderse”.
Y siguen diciendo: “La situación era alarmante y tanto más para mi cuando que observaba que el día pasaba sin poder avisarse a S.E. el Señor General Urquiza que la negociación continuaba; que el General Urquiza sólo esperaría hasta el obscurecer de ese día; y que no avisándole yo en ese intermedio, llegaba ya la hora del ataque y asalto a la Ciudad”.
Felizmente un poco antes se despejó la situación respecto al gobierno de Buenos Aires, ya que renunció al Gobernador Dr. Valentín Alsina, quien era el que se oponía al acuerdo, y en su reemplazo fue designado el Presidente del Senado D. Felipe Llavallol.
Apenas avisado de este cambio por intermedio del Ministerio de Relaciones Exteriores y siendo media tarde, Solano López se presentó a ver al Señor Llavallol para informarle del inminente peligro de guerra si no volvían los Comisionados de Buenos Aires a la mesa de negociaciones. Felizmente el Señor Vélez Sarfield ya había informado al Presidente designado de la situación y este que comprendía perfectamente la grave situación reinante informó que estaba dispuesto a reanudar las negociaciones.
Esto de inmediato fue comunicado al Presidente de la Confederación General Urquiza, quien recibió la noticia con agrado. Urquiza expresó a Solano López que no estaba en su ánimo imponer al pueblo de Buenos Aires una paz deshonrosa y que esto podría ser confirmado si sus Comisionados se presentaban al día siguiente a reanudar las conversaciones.
Conforme a todo esto, escribía Solano López que “altamente complacido ya con las declaraciones, que en ese día 8 me hicieron S.E. el Dr. Llavallol y S.E. el Señor General Urquiza, juzgué ya que la paz vendría en muy cortos momentos a unir a los argentinos”.
Como para el día siguiente 9 de Noviembre de 1859 estaba planeado el asalto naval de los Confederados a la Isla de Martín García, pidió el Mediador Paraguayo al General Urquiza una orden escrita para su escuadra, que él se encargaría de hacerle llegar de inmediato, para suspender esas operaciones. Felizmente en eso también Solano López tuvo éxito y la batalla se evitó. La orden fue trasladada por el vapor de guerra paraguayo “Tacuarí” lográndose evitar lo que hubiese sido un sangriente e inútil combate.
En la parte protocolar y mientras el “Tacuarí” viajaba a la isla Martín García llevando la orden mencionada en el párrafo anterior, Solano López escribió al Presidente Llavallol felicitándolo por su nombramiento y deseándole suerte en el desempeño de su difícil misión.
De inmediato y en persona fue a solicitar al gobernador de Buenos Aires una suspensión de hostilidades y éste gustoso aceptó la proposición. A continuación comunicó la grata nueva al Presidente Urquiza pidiendo su adhesión en esta oportunidad de obtener la deseada paz. El General Urquiza aceptó también la suspensión de hostilidades, facilitando de esta manera el accionar del mediador.
La orden de suspender la lucha fue total, estableciéndose que las partes debían mantener las posiciones alcanzadas, que se debería mantener la libre comunicación entre ambas líneas y se conservarían los puestos avanzados solamente para servicio de vigilancia.
El día 9 de Noviembre se abrió la conferencia con la presencia de los señores Carlos Tejedor y Juan B. Peña representando a Buenos Aires, quienes por ser nuevos comisionados presentaron sus poderes, que fueron aceptados.
Los nuevos comisionados de Buenos Aires informaron para satisfacción de todos los presentes, que los tres puntos anteriormente controvertidos y que casi ocasionaron el rompimiento de las negociaciones, ya no ofrecían dificultad alguna para su gobierno.
En la conferencia del 10 de Noviembre de 1859, el mediador paraguayo dijo que viendo la completa conformidad de las partes sobre la garantía ofrecida por el Paraguay, se procediese a “proclamar la paz entre la Confederación Argentina y Buenos Aires y la unión de todos los miembros de la gran familia argentina”. Esto fue así firmado, certificado y canjeado por ambas partes al día siguiente 11 de Noviembre de 1859.

LA PAZ VOLVIÓ A SUS CAUCES NORMALES

Felizmente concluídas las negociaciones y lograda la paz, Solano López planteó el canje de prisioneros de uno y otro bando, librándose así del sufrimiento a muchos soldados que pasaban penurias en campos de reclusión. Ambas partes aceptaron el planteamiento y de inmediato ordenaron se preparara la repatriación de los mismos.
El primero en actuar fue el gobierno de Buenos Aires, lo que hizo que Solano López con algunos oficiales de alto rango ya liberados, se entrevistara con el general Urquiza presentándolos al Presidente de la Confederación como una prenda de la paz ratificada por el gobierno porteño. Lo mismo y de inmediato hizo el general Urquiza poniendo en libertad a otros prisioneros de la Confederación que de inmediato volvieron a sus lugares de origen.
Finiquitando así este largo pleito, el general Urquiza resolvió volver a casa. Dejó los suburbios de Buenos Aires hasta donde llegó con su ejército y se retiró al puerto de Tigre para iniciar en ese punto el embarque de su ejército.
El 13 de Noviembre de 1859 el gobierno de Buenos Aires por nota, expresa “en los términos más lisonjeros, su más sincero reconocimiento por la mediación del gobierno de la república del Paraguay…”
El general Urquiza, presidente de la Confederación Argentina dejó la rada de Buenos Aires el 18 de Noviembre dirigiéndose al Uruguay. Al efecto utilizó el vapor de guerra francés “Bisson”.
Solano López se dispuso a hacer lo mismo, pero antes consiguió con el gobierno de Buenos Aires el desarme de la guardia nacional porque esta se negaba a cumplir órdenes y no respetaba a los ciudadanos.
Así Solano López culminó su primera misión diplomática. Obtuvo un éxito que posiblemente nadie esperaba, por lo menos en el tiempo que duraron las tratativas. Viajó el mediador paraguayo por agua, en carruajes, a caballo y posiblemente también en algún momento caminando. Pero poniendo siempre una energía, un dinamismo y una decisión inigualables para lograr el éxito. Consiguió que cada participante optara finalmente por sus propuestas como una muestra de su inmensa capacidad de convencer y vencer obstáculos, que fueron muchos. Pese a las enormes diferencias iniciales, finalmente todos arribaron a una única definición que era precisamente la propuesta del mediador paraguayo.
Habiendo Solano López decidido fijar su partida para el día 29 de Noviembre de 1859, el 28 escribió al gobierno de Buenos Aires dando aviso oficial y agradeciendo al gobierno y al pueblo de esa provincia por las “distinguidas demostraciones de consideración y aprecio con que había sido favorecido” durante todo el transcurso de las negociaciones.
El 29 Solano López fue acompañado por un considerable número de miembros del gobierno y de la población civil agradecida por su actuación y los logros alcanzados.
El barco insignia paraguayo “Tacuarí” esperaba en el puerto de Buenos Aires, y en él se embarcó el mediador Solano López para retornar a Asunción. Todo fue una fiesta hasta que el barco, apenas alejado del puerto y en aguas argentinas, fue atacado o cañonazos por barcos de la flota inglesa que tenían su “base” permanente (¿?) en el Río de la Plata.
Pretendieron dar caza al “Tacuarí” en una operación de piratería que era propia de los ingleses en todo el mundo, pero no pudiendo hacerlo ya que nuestro barco muy bien controlado y dirigido por sus marinos, retornó rápidamente a su último fondeadero en el puerto de Buenos Aires.
Esta vergonzosa acción de los ingleses, actuando como vulgares gangsters, ya nos muestra lo que era aquel país del viejo mundo, campeón del imperialismo y del colonialismo, que haciendo uso y abuso de su inmenso poder militar imponía su ley a cañonazos a quienes no estaban bajo su dominio.
Y el Paraguay precisamente no era parte de su imperio y no aceptaba formar parte de su comparsa. Quería seguir decidiendo sobre su destino y como se ve claramente por esta acción, ya estaba en la lista de quienes habían de ser destruidos muy pronto.
Solano López presentó una protesta oficial al Gobierno de Buenos Aires preguntando como se permitía a los ingleses violar tan impunemente las aguas argentinas, y lo que es peor realizar acciones de guerra contra huéspedes de su país, en situación de paz con la Argentina, como era el Paraguay. Por cierto que dicho gobierno ni protestó a los ingleses ni dio explicaciones a Solano López, mostrando ya la cara que mantendría en adelante y que se concretaría en la Triple Infamia firmada en 1864 en Puntas del Rosario.
De todos modos Solano López abandonó Buenos Aires con un álbum dedicado a su persona por miles de habitantes agradecidos de la provincia, y entre las firmas se encontraba la de Bartolomé Mitre, cínico personaje que ya tramaba otros planes contra Solano López y en Paraguay.
Al no poder seguir por agua como tenía planeado, Solano López decidió hacerlo por tierra. Viajó de Buenos Aires a Paraná en donde fue calurosamente recibido por el pueblo todo, quien lo acompañó hasta el Consulado de la República del Paraguay donde fue alojado hasta que finalmente pudo embarcar en un barco de la carrera con destino a Asunción.
Durante su estadía en Paraná Solano López recibió de Urquiza la espada que este último llevó durante la batalla de Cepeda. De esta manera su dueño original ya no pudo lucirla cuando traicionando sus ideales y a todos sus amigos y compañeros de causa se alió, por dinero, con Mitre y los brasileros para lograr la destrucción de su benefactor el Paraguay. Esto ya ha sido comentado en volúmenes anteriores.
El siguiente es el Convenio de Paz, firmado bajo los auspicios de Solano López, mediador paraguayo que ya demostraba su autoridad, profesionalidad y capacidad que volvería a sacar a relucir durante sus tratativas posteriores con los gobiernos europeos para lograr el reconocimiento de nuestra independencia y la firma de varios acuerdos comerciales y culturales.

CONVENIO DE PAZ

El Exmo. Señor Presidente de la Confederación argentina, capitán General del Ejército Nacional en campaña y el Exmo. Gobierno de Buenos Aires, habiendo aceptado la mediación oficial a favor de la Paz interna de la Confederación Argentina, ofrecida por el Exmo. Gobierno de la República del Paraguay, dignamente representado por el Exmo. Señor Brigadier General don Francisco Solano López, ministro secretario de estado en el Departamento de Guerra y Marina de dicha república, decidido a poner término a la deplorable desunión en que ha permanecido la República Argentina, desde 1852, y a resolver definitivamente la cuestión que ha mantenido a la Provincia de Buenos Aires, separada de las demás que constituyen la República Argentina, las cuales unidas por un vínculo federal, reconocen por Ley Fundamental la Constitución sancionada por el Congreso Constituyente en 1º de Mayo de 1853, acordaron nombrar comisionados por ambas partes plenamente autorizados para que discutiendo entre sí y ante el Mediador con ánimo tranquilo, y bajo la sola inspiración de la paz y del decoro de cada una de las partes todo y cada uno de los puntos en que hasta aquí hubiera disidencia entre Buenos Aires y las provincias confederadas hasta arribar a un convenio de perfecta y perpetua reconciliación, quedase resuelta la incorporación inmediata y definitiva de Buenos Aires a la Confederación Argentina, sin mengua de ninguno de los derechos de la soberanía local, reconocidos como inherentes a las Provincias Confederadas, y declarados por la propia Constitución Nacional, y al efecto nombraron a saber: por parte del presidente de la Confederación Argentina, a los señores Brigadier General D. Tomás Guido, Ministro Plenipotenciario de la Confederación Argentina cerca de S. M. el Emperador del Brasil y del Estado Oriental, Brigadier General D. Juan Esteban Pedernera, Gobernador de la Provincia de San Luis y Comandante de la Circunscripción del Sud, y Dr. D. Daniel Aráoz, Diputado al Congreso Nacional por la provincia de Jujuy; y por la parte del Gobierno de Buenos Aires a los señores Dr. D. Carlos Tejedor y D. Juan Bautista Peña, quienes canjeados sus respectivos Plenos Poderes y hallados en forma, convinieron en los artículos siguientes:
1º) Buenos Aires se declara parte integrante de la Confederación Argentina, verificará su incorporación por la aceptación y jura solemne de la Constitución Nacional.
2º) Dentro de veinte días de haberse de haberse firmado el presente convenio, se convocará una Convención Provincial que examinará la Constitución de Mayo de 1853, vigente en las demás provincias argentinas.
3º) La elección de los miembros que formarán la Convención se hará libremente por el pueblo y con sujeción a las leyes que rigen actualmente en Buenos Aires.
4º) Si la Convención Provincial aceptase la Constitución sancionada en Mayo de 1853, y vigente en las demás provincias argentinas, sin hallar nada que observar a ella, la jurará Buenos Aires solamente en el día y en la forma que la Convención Provincial designare.
5º). En el caso que la Convención provincial manifieste que tiene que hacer reformas a la Constitución mencionada, esas reformas serán comunicadas al Gobierno Nacional para que presentadas al Congreso Federal Legislativo decida en convocación de una Convención ad hoc que las tome en consideración, y a la cual la Provincia de Buenos Aires se obliga a enviar sus Diputados con arreglo a su población, debiendo aceptar lo que esta Convención así integrada decida definitivamente salvándose la integridad del territorio de Buenos Aires, que no podrá ser dividido sin el consentimiento de su legislatura.
6º). Ínterin llega la mencionada época, Buenos Aires no mantendrá relaciones diplomáticas de ninguna clase.
7º). Todas las propiedades de la Provincia que le dan sus leyes particulares, como sus establecimientos públicos de cualquier clase y género que sean, seguirán correspondiendo a la Provincia de Buenos Aires y serán gobernados y legislados por la autoridad de la provincia.
8º). Se exceptúa del artículo anterior la Aduana, que como por la Constitución Federal corresponden las aduanas exteriores de la Nación, queda convenido a razón de ser casi en su totalidad las que forman las rentas de Buenos Aires que la Nación garante a la Provincia de Buenos Aires su presupuesto de 1859 hasta cinco años después de su incorporación para cubrir sus gastos inclusive su deuda interna y exterior.
9º). Las leyes actuales de Aduanas de Buenos Aires sobre el comercio exterior seguirán rigiendo hasta que el Congreso Nacional revisando las tarifas de Aduanas de la Confederación y Buenos Aires establezcan la que ha de regir para todas las aduanas exteriores.
10º). Quedando establecido por el presente pacto un perpetuo olvido de todas las causas que han producido nuestra desgraciada desunión, ningún ciudadano argentino será molestado por hechos u opiniones públicas, vertidas durante la separación temporal de Buenos Aires, ni confiscados sus bienes por las mismas causas conforme a las constituciones de ambas partes.
11º). Después de ratificado este Convenio, el ejército de la Confederación evacuará el territorio de Buenos Aires, dentro de quince días y ambas partes contratantes reducirán sus armamentos al estado de paz.
12º). Habiéndose hecho ya en las Provincias Confederadas la elección de presidente, la Provincia de Buenos Aires puede proceder inmediatamente al nombramiento de electores que verifiquen la elección de presidente hasta el 1º de Enero próximo, debiendo ser enviadas las actas electorales antes de vencido el tiempo señalado para el escrutinio general, si la Provincia de Buenos Aires hubiese aceptado sin reservas la Constitución Nacional.
13º). Todos los generales, Jefes y oficiales del ejército de Buenos Aires dados de baja desde 1852 y que estuviesen actualmente al servicio de la Confederación serán restablecidos en su antigüedad, rango y goce de sus sueldos, pudiendo residir en la Provincia o en la Confederación según les conviniera.
14º). La república del Paraguay cuya garantía ha sido solicitada tanto por el Exmo. Señor Presidente de la Confederación Argentina, cuanto por el Exmo. Gobierno de Buenos Aires, garante el cumplimiento de lo establecido en este convenio.
15º). El presente convenio será sometido al Exmo. Señor presidente de la República del Paraguay para la ratificación del artículo precedente en el término de cuarenta días o antes si fuere posible.
16º). El presente convenio será ratificado por el Exmo. Señor Presidente de la Confederación y por el Exmo. Gobierno de Buenos Aires dentro del término de cuarenta y ocho horas o antes si fuere posible.
En fe de lo cual el Ministro Mediador y los comisionados del Exmo. Señor presidente de la Confederación y del Exmo. Gobierno de Buenos Aires lo han firmado y sellado con sus sellos respectivos, hecho en San José de Flores a los diez días del mes de Noviembre del año de 1859.
FDO. : FRANCISCO SOLANO LÓPEZ, Tomás Guido, Juan E. Pedernera, Daniel Aráoz, Carlos Tejedor, Juan Bautista Peña.

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